La rueda del cambio

¿Qué nos hace falta para cambiar una conducta indeseable o perjudicial? ¿Cómo se explica que este cambio se mantenga o no? Esto es lo que se propusieron averiguar en 1984 James Prochaska y Carlo DiClemente. De su investigación nació el Modelo Transteórico del Cambio, herramienta útil y eficaz para la psicoterapia. Inicialmente fue ideado para tratar la adicción al tabaco; hoy en día se aplica tanto para abandonar  una conducta adictiva, a sustancia o comportamental, como para cambiar cualquier otro hábito considerado poco saludable.

Este modelo se basa en la hipótesis, hoy en día más que validada, de que una persona a la hora de cambiar una conducta pasa por una serie de fases que tienen que ver con cuánto está preparada para llevar a cabo el cambio. Son 5 fases y un desenlace que puede ser haberlo conseguido y mantenerse, o tener una recaída. Estas fases siguen una espiral y según en cuál se encuentre la persona, los objetivos para ayudarle a cambiar serán unos u otros, y las probabilidades de lograr el cambio serán gradualmente mayores.

Fases del proceso de cambio

 

Fase de precontemplación

En esta fase no entiendo por qué debería cambiar, considero que mi conducta no es un problema. Bien porque no conozco las consecuencias de lo que hago o bien porque no me conviene darme cuenta. Cuando mis allegados o algún profesional  me advierten del peligro de seguir así, hago como que no va conmigo o lo niego.

Objetivos para avanzar hacia la siguiente fase: considerar tu conciencia de conducta como un problema y obtener motivación para el cambio.

Fase de contemplación

Ahora la cosa ha cambiado y reconoces que no te sientes bien con tu conducta. Percibes las desventajas e incluso los peligros de mantenerla, sin embargo aún te pesan las ventajas. Lo que predomina en esta fase es la ambivalencia. Puede que no te sientas capaz de cambiar o no sepas cómo hacerlo.

Objetivos para avanzar hacia la siguiente fase: ayudarte a aclarar el balance de pros y contras, pasar de la ambivalencia a la decisión, y mantener la motivación para el cambio.

Fase de preparación

Conseguiste aclarar tu ambivalencia y ya lo tienes claro: quieres cambiar. Hay una decisión firme y ya estás ideando planes de acciones para hacerlo real. En esta fase puede que decidas hacerlo por tu cuenta o pedir la ayuda de un profesional, sobre todo si se trata de una conducta adictiva.

Objetivos para avanzar hacia la siguiente fase: concretar qué, cómo y cuándo del cambio deseado, reforzar tu decisión y mantener la motivación para el cambio.

Fase de acción

Manos a la obra. Estás en tu mejor momento para hacer efectivo tu cambio. Después de las fases previas de reflexión y preparación, vas a desarrollar las acciones concretas.

Objetivos para avanzar hacia la siguiente fase: recordar tus motivos para el cambio, potenciar tu autoeficacia y mantener la motivación para el cambio.

Fase de mantenimiento

Llevas más de 6 meses con tu nueva conducta saludable o habiendo abandonado la conducta que te perjudica. Si te mantienes así durante más tiempo, podemos considerar que lo has conseguido ¡Enhorabuena! Aunque ten cuidado, una recaída puede ocurrir en cualquier momento, incluso después de años de haber realizado el proceso de cambio, cuando parece que “por una vez no pasa nada”.

Recaída

Desde la fase de acción o desde la fase de mantenimiento, cuando ya has dejado la conducta problema o cuando ya has incluido en tu día a día tu nuevo hábito, es posible que se produzca una recaída. En este caso, no vuelves a la fase inicial de Precontemplación sino hacía alguna otra fase. Una recaída puede significar que no se ha trabajado lo suficiente alguna de las fases para el cambio, o se ha precipitado para pasar a la acción.

A tener en cuenta

Lo novedoso con respecto a otras versiones de explicación del proceso de cambio es que la persona va avanzando a través de unas fases que van en espiral; es decir, en caso de recaída o abandono del cambio iniciado, la persona no tiene por qué retomar desde cero. Lo seguirá, si quiere retomarlo, desde alguna fase anterior, pero no desde la primera. Esto significa que la recaída no se considera un retroceso ni mucho menos un fracaso, y aunque no es deseable que ocurra, se ve como una fase más de aprendizaje hacía el cambio definitivo.  

En la aplicación de esta modelo en terapia, un error común entre los profesionales es posicionarse en una fase en la que el paciente aún no ha llegado. Por ejemplo, sí tú acudes para dejar de consumir hachís pero aún dudas si quieres o no quieres hacerlo, y yo ya estoy fijando una fecha para que lo dejes y las acciones concretas para alejarte del consumo, probablemente esté precipitándome con respecto a tu propio objetivo.

 

Accede a esta infografía interactiva para comprender bien esta propuesta y, ya sabes, la próxima vez que quieras dejarlo, sigue este modelo ¡Ánimo!

 

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