No te la juegues

Sería ¡un disparate! que volvieran a nuestras pantallas anuncios como el del vino quinado para abrir el apetito o el de cigarrillos y puros. Sonaría a provocación, para personas cómo tú y como yo, concienciadas y sensibilizadas en cuestiones de salud. Y mientras, el mercado de consumo, incesante y frenético, ofrece nuevos productos. Escape Room, tapersex, hamburguesas de Wagyu, depilación láser, Tinder, pulsera de actividad física, smoothies, patinetes eléctricos… ¿quién no ha consumido alguno de estos productos en los últimos tiempos? Sigilosas y perversas, nuevas necesidades creadas para sedientos consumidores se van añadiendo a la lista de la compra, junto con otros productos igualmente apetecibles y accesibles como los juegos de azar, las apuestas deportivas, el Fornite

La cifra de incondicionales sube

Desde hace un tiempo vamos viendo el potencial peligro de estas actividades. En efecto, los datos muestran que cada vez más personas, y a edades muy tempranas, abusan e incluso se enganchan hasta tal punto de desarrollar un proceso adictivo. La Organización de Consumidores y Usuarios arroja datos recientes alarmantes: el número de jóvenes adictos al juego en tratamiento se ha cuadruplicado en pocos años y el 6% de los alumnos de ESO ha apostado alguna vez. Una encuesta realizada en 2015 por la Dirección General de Ordenación del Juego, un organismo encargado del control del juego online, concluyó que el 44 % de las personas que se iniciaron en el juego con menos de 18 años desarrollaron juego patológico. Internet en el móvil ha abierto un mundo de posibilidades en las relaciones y en las comunicaciones, pero también ha permitido que muchísimas personas, menores incluidos, tengan acceso al consumo de todo tipo de productos, algunos de ellos con un componente de riesgo. La pornografía, el póker, el bingo, los juegos de casino, y las apuestas deportivas están encontrando cada vez más adeptos y se prevé un aumento de consumo abusivo. Sin supervisión ni límites, la probabilidad de que dichas conductas tengan un fuerte impacto en la funcionalidad de un chico o de una chica más joven es muy alta.

La delgada línea entre uso, abuso y adicción

El alcohol, los videojuegos, el sexo, la lotería, las compras, el móvil, los juegos y las apuestas no son en sí perjudiciales si hacemos un uso adecuado. Pero ¿qué es un uso adecuado? El uso adecuado se da si ese consumo no trae complicaciones o problemas, ni a ti ni a tu entorno. En el caso de Internet, de redes sociales, del móvil… tenemos que reconocer que hacemos un uso continuado, a veces exagerado, y que muchas veces nos distrae del contacto tú a tú y de nuestras responsabilidades ¿no? Cuántas horas pasamos con las pantallas. Abusamos. El siguiente nivel, el paso del abuso a la adicción, es difuso, y está relacionado con diversas variables.

No es ficción, es realidad

Y de repente pasa lo que Darío llevaba esperando que pasara desde el inicio ¡Gana! Como rara vez se gana en la primera jugada, piensa “ya sabía yo que esta vez me iba a tocar, si no hubiera ganado, no habría seguido”. Esto es lo que Darío cree. La primera vez que sales ganando te conquista, y es este primer premio el eslabón tras el cual puede desencadenarse una secuencia infernal. Es posible que con esta ganancia Darío recupere lo invertido, pero tampoco es que haya sacado mucho beneficio; son los ingredientes perfectos para animarle a seguir. Lo que pasa a continuación tiene dos alternativas que llevan al mismo camino: ganar le daría confianza para seguir jugando y perder le obligaría a seguir jugando para recuperar lo perdido y no sentirse engañado. Los días pasan y su afán de superación crece. Llega un día, no muy lejano, en que la mitad del sueldo de Darío ha desaparecido, así en cuestión de clicks de apuestas y juegos. Nunca imaginó que euro a euro llegaría a gastar cientos de ellos.  No quiere admitirlo, de hecho, ni lo ve como un problema, pues piensa que lo puede controlar. Su objetivo es evitar que su entorno próximo se entere. Prepara una buena estrategia para que no haya ninguna consecuencia: pide dinero a su mejor amigo, adelanta su sueldo o, en el peor de los casos, toma prestado sin previo consentimiento. Va a por todas ¡juegas más y más!

A NIVEL COGNITIVO, vamos a ponernos en la mente del jugador y analizar qué está pasando. Se han estado elaborando unos pensamientos mágicos que guían la conducta de Darío. A algunos de estos pensamientos se les llama sesgos cognitivos porque la mente comete un error a la hora de analizar la realidad. En el caso de Darío, empieza a comportarse como si pudiera tener control sobre los sucesos aleatorios (la ilusión de control). Confunde azar con suerte y con habilidad, piensa que ganar o perder depende en gran medida de la buena estrategia que use. Esto ocurre por ejemplo cuando tienes más confianza en que vas a ganar si puedes elegir el número de la lotería. Otro error que pudiera estar cometiendo la mente de Darío es darle más importancia a cuando gana que a cuando pierde (sesgo confirmatorio). Lo mismo sucede con el horóscopo: si me cuadra lo que predice le daré valor, si no me cuadra ni lo contaré ni lo tendré en cuenta. “Sabía que esta vez iba a ganar”, piensa Darío; es lo que pasa cuando ya conoce el resultado y dice que sabía lo que iba a pasar (sesgo retrospectivo).

Lo que desde luego parece común a todas las personas que están metidas en el bucle adictivo del juego patológico es la obsesión por recuperar el dinero perdido y la creencia de que una vez que eso ocurra dejarán de jugar. Y sin embargo sabemos que la última siempre es la penúltima.

A NIVEL EMOCIONAL, cuerpo y mente piden a través del Síndrome de Abstinencia su dosis; y lo harán de muchas maneras. A través de mensajes atosigadores :“Lo necesito”, “No puedo soportar esta ansiedad”, “Me sentiré mejor después”, “Es la última y después lo dejo”. A través de síntomas como nerviosismo, inquietud, dolores varios; a través de mandarme sentimientos de vacío, de que “algo me falta”, de que soy más feliz cuando lo hago.

A NIVEL CONDUCTUAL, la persona hará lo que sea para aliviar las ganas de jugar; será capaz de mentir, aislarse, faltar a su trabajo y a sus obligaciones, o dejar de implicarse en actividades de ocio.

¿Esto le puede pasar a cualquiera?

Evidentemente no todo aquél que juega o apuesta necesitará ayuda para salir de un bucle adictivo. Existen diferentes teorías que tratan de comprender por qué una persona se hace adicta y otra no. Algunas de estas teorías encuentran en los rasgos de personalidad una hipótesis explicativa. Existen personas con un déficit en el control de impulsos, para quienes jugar de forma controlada, en cuanto a gasto y tiempo, no es posible. Por otro lado, están las personas con un gran afán de búsqueda de sensaciones , que necesitan siempre más y más para conseguir la misma sensación. También hay personas a quienes la dopamina, sustancia del placer, que segrega su cerebro al llevar a cabo la conducta, les genera una gran necesidad de repetir; para ellas, el juego se convierte en una adicción comportamental . Y también encontramos personas con un rasgo de personalidad dependiente que presentan mayor vulnerabilidad a caer en un proceso adictivo.

En todos los casos, quienes caen en una ludopatía comparten con otros jugadores la razón por lo que empezaron: diversión, entretenimiento, porque está de moda, la curiosidad, por casualidad, porque sus amigos lo hacen. Parece inocente, al principio. Es divertido, al principio.

Nuevas modalidades

Se ha demostrado que el juego y las apuestas online crean más adicción que el mismo tipo de conductas en su modalidad presencial. Esto se debe a que online todo es más inmediato y accesible. La velocidad a la que se realizan las jugadas, la recompensa que se obtiene es mucho más elevada. Por otra parte, ya no es necesario buscar el momento y una excusa para ir a un salón de juegos: la sala está en tu pantalla, lo tienes a mano a cualquier hora. También el hecho de no pagar con dinero en efectivo hace que se pierda la noción de lo invertido. Además, lo que se realiza online parece que tiene menos consecuencias o ninguna consecuencia en la vida real. Y hay que tener también en cuenta el hecho del anonimato.

¿Es posible el juego seguro y responsable?

Sí, es posible. De hecho, a ti que juegas a la lotería o echas una quiniela de vez en cuando aún no te ha atrapado la adicción. Sin embargo, pienso que debemos tener muchísimo cuidado con el consumo de ciertos productos por parte de chicos y chicas más jóvenes; es muy fácil caer.

Yo, ante la duda, prefiero no jugármela.

 

 


Si quieres saber cuál es el método para abordar un proceso adictivo, puedes visitar mi post titulado La rueda del cambio.

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