Soledad ¿me acompañas?

Hoy te propongo una experiencia sensorial: un post musicalizado. Para ello, te propongo la canción Ma solitude de George Moustaki.  No necesitas ver el vídeo ni entender la letra de momento, solo ponerte la melodía de fondo. Cuando estés preparado o preparada, dale al play y empieza a leer pausadamente lo que a continuación te quiero contar. 

SOLEDAD

Querida mía. Vienes a visitarme, más a menudo últimamente ¿quién te ha invitado? Yo no.  Pero encontraste mi puerta abierta, y pensaste que mi compañía siempre es un buen consuelo.  Una vez más, haces de las tuyas, y te encuentro ocupando la otra mitad de mi sofá.  Hoy estoy celebrando una gran noticia que tengo preparada. Hoy he decidido verte con otros ojos.

Te he evitado toda mi vida, porque me asustabas. Hueles el miedo de las personas ¿verdad? Siempre he creído que, si te invitaba a tomar el té, te quedarías a cenar ¿Quién querría darte pie a intimar? Yo no. O esa era mi creencia. Recuerdo una temporada, a principios de los setenta, en la que yo lo estaba pasando francamente mal. Pérdidas varias, una depresión y meses de lenta y cansada recuperación. Viniste todos y cada uno de los 260 días que duró mi mal trago. Es posible que tu intención fuera buena, no lo dudo, pero me pareciste un ogro. A tu lado sentía vacío, desasosiego, rabia, y a veces furtivas ideas de irme sin despedirme. No lo sabes, pero no eres la invitada más apreciada. Entiéndelo, tienes una parte mezquina porque apareces justo cuando la vida se pone cruel. Mis amigas también te conocen bien, algunas te miran con sospecha, otras se lo toman con filosofía. Yo no he podido ni mirarte a la cara.

Sin embargo, hoy a mis noventa y dos años, por fin comprendo cuál es tu misión y puedo mirarte con compasión. No tengo nada que temer, y menos de mí. Porque lo comprendo todo, tú me devuelves todo lo que yo soy, todo lo que me vivo y me siento. Desde hace ya unos cuantos años mi vida ha cambiado, de eso ya me doy cuenta. He luchado para seguir el ritmo, he sudado para no perder mis habilidades, me he empeñado en no envejecer. Contra este mal no estoy curado. Pero después de noventa años te he aceptado, a ti SOLEDAD. Toda una vida. El truco era sencillo, pero nadie me lo había enseñado. Y yo andaba tan ocupada en no sufrir, que ni te hacía el caso que merecías. Ahora tu presencia me da paz. No temo estar contigo. Ahora cuando te percibo eres bienvenida ¿quieres un té? Puedes venir a contarme lo que te plazca, no pestañearé ante tus juicios o tus amenazas. Me hace bien soportarte, me recuerdas quién soy y qué hago aquí. Y me ayuda a prepararme. Prepararme para mi última despedida.

Gracias por haber venido, querida mía.

Ahora escucha la canción otra vez. Esta vez con la letra traducida.

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