El dolor de lo invisible

Se han edificado muros de silencio alrededor de la muerte, para huir de la experiencia vital del dolor emocional. La vivencia de pérdida por fallecimiento, si bien es universal, resuena en cada persona de manera particular y única. Muchas de las situaciones de pérdida por fallecimiento se enmarcan dentro de un proceso de duelo autorizado y compartido, con la organización de un ritual de despedida como, por ejemplo, un funeral, donde la recuperación del equilibrio psíquico no tiene fecha límite y las emociones pueden expresarse. Otras situaciones comparten el punto de partida, la pérdida, pero la trama y el desenlace van por un camino diferente. A estas situaciones “especiales” les ocurre lo contrario; les acompañan un deseo de recuperación exprés, parece que no existe un proceso sino un hecho que ha de asimilarse y olvidarse pronto,  es frecuente que se produzca cierta negligencia ante el dolor ajeno, y una falta de comprensión por aquello que no pudo ser y que parece que no existió.

¿Sabes a qué nos referimos cuando hablamos de la pérdida gestacional?

Terminología

Los profesionales de la salud hablamos de aborto cuando la pérdida del bebé sucede antes de la semana 20 de gestación; de muerte fetal cuando la pérdida es a partir de la semana 20 de gestación y hasta el parto; y le llamamos muerte nenonatal a la pérdida del bebé nacido y hasta 28 días después del parto. Esta muerte inesperada causa un impacto emocional brutal. Hay muchas mamás, muchos papás, y muchas familias que han visto desvanecerse uno de los proyectos más deseados de sus vidas y una interrupción brusca de su proyección. En el momento de la muerte, el bebé ya tenía identidad en forma, por ejemplo, de nombre; el vínculo ya estaba establecido como mínimo con la madre gestante; y muy a menudo y aún sin haber nacido, ya formas parte de la familia, de mi historia y de anhelo. Y en cuestión de nada todo se desvanece. Es necesario que tanto profesionales como el resto de la sociedad nos sensibilicemos sobre esta cuestión, para poder sensibilizarnos y acompañar mejor. 

Impacto psicológico de la pérdida perinatal

El anuncio de muerte, fetal o neonatal, es trágico. Un evento, por cierto, nada infrecuente.

Muchas veces aparecen sentimientos de culpa por parte de la mamá por algo que no ha hecho o ha hecho mal, según cree, y que hubiera podido participar en la causa de la muerte. Causa que a menudo no se encuentra, al menos, en nada evitable. La pregunta ronda las mentes, una y otra vez ¿Por qué? Sin resolverse acaban en bucles obsesivos. En todas las situaciones de pérdida gestacional, incluso en los casos de abortos espontáneos ocurridos en las pocas semanas de gestación, se hace necesario un proceso de elaboración de la pérdida.  

Por otra parte, florecen un gran abanico de emociones y sentimientos. ¿Cómo están pudiendo ser expresados? ¿Quién les ayuda a estos padres a comprender la función de estas vivencias emocionales? ¿Cómo gestiona la pareja sus momentos de angustia, duda, desesperanza, falta de ilusión?

De lo que se trata es de conectar con el dolor, permitir que exista y se manifieste. Porque es real. Este es uno de los objetivos de la ayuda psicológica.

Duelo desautorizado

“Céntrate en tu otro hijo”, “El feto no vendría bien, la naturaleza es sabia”, “A pasar página y funcionar, “Así lo quiso la vida”, “Menos mal que no lo llegasteis a conocer”, “No te rindas, no te hundas, arriba ese ánimo“, “Iréis a por otro bebé”. Esto es lo que personas a las que he acompañado en sus duelos han tenido que escuchar de amistades, familiares y profesionales. ¿En serio crees que podré olvidarlo tan fácil? ¿De verdad piensas que ojos que no ven corazón que no siente? Lo que ocurre en un duelo perinatal es que las personas se mueven en dos planos: uno real y otro simbólico. Este segundo no se contempla, razón por la que muchas veces se piensa que si no se ha conocido o convivido con el bebé, la pérdida es menos dolorosa o incluso inexistente. Esto se ve claro en los casos de abortos, donde la pérdida de lo que no pudo ser no es comprendida. Creo que somos torpes ante el sufrimiento ajeno y desde nuestras mejores intenciones, buscamos palabras de consuelo que dejan perplejos a los afectados. ¿Qué tal si permitimos que ellos sientan lo que necesitan sentir? ¿Qué tal si hacemos de soporte de su dolor sin necesidad de hablar o de dar consejos? Por suerte hoy en día existen muchas instituciones, asociaciones y personas que sí ofrecen un apoyo y un acompañamiento excelente en los casos de pérdida gestacional. Pero ¿qué pasa cuando no hemos podido hacer un buen cierre, un ritual de despedida? ¿Qué pasa cuando tu recuerdo no cuadra en mi biografía y me produce mucho dolor? No podemos dejar que “el tiempo lo cure”, no.

Buenas prácticas en el duelo gestacional

De entre de los principales factores de riesgo que podrían contribuir a que el proceso de elaboración de la pérdida de un bebé no pudiera realizarse adecuadamente están la pobre sensibilidad sanitaria y la ausencia de ritual de despedida, ambas muy relacionadas. Además de estos, hay toda una serie de recomendaciones de buenos tratos y cuidados hacía los padres que viven esta experiencia.

Quiero hablarte de algunas buenas prácticas que a muchas mamás y a muchos papás les han resultado beneficiosas.

¿Qué pasó?

Una de las ayudas más genuinas que podemos ofrecer a las personas que nos confían su dolor es escuchar. Nos encontramos muy frecuentemente con una necesidad de volver a procesar todo lo que ocurrió, antes durante y después de la mala noticia. Permitamos que a través de nuestra escucha puedan hacerse un esquema de cómo pasó todo. Además, a menudo encuentran respuestas que les ayudará a comprender mejor. Cada detalle de lo que nos quieren contar es importante; no minimicemos nada ni queramos adelantar su proceso. Primero revivimos la experiencia a través de relatarla; después la procesaremos.

¿Ver o no al bebé del que vamos a tener que despedirnos?

Estudios han indicado que la primera reacción de la mayoría de las mamás y de sus parejas es no querer ver al bebé. La decisión es muy personal, pero muchos padres han reconocido que ver y abrazar a su bebé les ha sido beneficioso para crear un recuerdo del que acordarse. Porque despedir no es olvidar, es posibilitar que su recuerdo pueda integrarse correctamente en la biografía de los que se quedan, en este caso especialmente en la de sus padres y hermanos. Abrazar. Hablar. Mirar. Ayuda ponerle cara, hablarle directamente para decirle todo lo que se le quiere. En ese momento os desgarran emociones muy intensas. Si así lo consideréis, otros hermanos y demás familiares también podrían, en la más pura intimidad del hospital, despedirse también el bebé.

Confeccionar una cajita de recuerdos

Porque existió, aunque no compartisteis tiempo en vida, y porque queréis recordarle. Todo lo que tengáis desde que supisteis de su existencia, aún en el vientre materno, e incluso aquello que estuvo presente en el momento de vuestra despedida con él o con ella os va a ayudar a recordarle. Ecografía, alguna foto realizada en el momento de la despedida, objetos identificativos, pertenencias que le eran destinadas. Ponlo todo en una caja que guardaréis, toda la familia, en casa. Cada uno, según le vaya surgiendo la necesidad, puede abrir la caja y encontrarse con el recuerdo de su bebé o de su hermanito o hermanita.

Cuéntale lo que no pudiste expresarle

A menudo las familias se quedan con la sensación de que no han tenido la oportunidad de despedirse, al menos no tal y como les hubiese gustado o como lo pudieron hacer con otros seres queridos. En la consulta con un profesional de la Psicología, hacemos uso de técnicas muy útiles para reparar y conectar con la experiencia, aun cuando han pasado meses o años desde su ocurrencia. El uso de las cartas terapéuticas permite dar salida a todo aquello que no pudo expresarse en su momento, por diferentes razones. Esta técnica debe estar diseñada y supervisada por un profesional para cada caso particular.

Esta carta puede guardarse en la cajita de los recueros, por ejemplo.  

Cómo contárselo a los hermanos

La muerte nos genera tal angustia a los adultos que quisiéramos alejar a nuestros hijos e hijas de situaciones dolorosas para evitarles sufrimiento. En el caso de la muerte de un ser cercano, como lo es la de un bebé que todos esperaban, es imprescindible hablar de ello en casa. Incluso, si es que lo hubiera, participar en el funeral permite recolocar el suceso en la vida de todos los miembros de la familia. Cuando está claro que en casa algo muy triste está pasando, no dejemos que nuestros peques piensen ¿será porque he hecho algo mal que mamá llora? ¿será porque mamá y papá ya no se quieren que papa está tan enfadado? Los cuentos representan una excelente herramienta para explicar el concepto de muerte a los más pequeños de la casa. Hablarles con palabras sencillas, sin hacerles pensar que volverá, ayudándoles a comprender qué implica y qué siente cada miembro de la familia será esencial para evitar que esta experiencia se enquiste y se niegue. En todos los casos, cada persona sigue su ritmo de asimilación y de aceptación.

Déjate ayudar

Muchas familias no precisan una ayuda más allá de la que les pueden proporcionar los profesionales, sus familiares y amistades que les acompañan en estos momentos tan duros. Sin embargo, la psicoterapia puede ser un espacio buscado por muchas personas para las que encajar esta experiencia no está siendo fácil. Buscar ayuda significa querer cuidar y cuidarse haciéndolo lo mejor posible.

Si quieres más información, recursos para abordar este tema en familia, o ayuda directa, escríbeme.

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